Así como las personas, nuestras mascotas también pueden presentar cambios repentinos en sus hábitos higiénicos. Si notás que tu perro o gato va al baño mucho más seguido de lo habitual —incluso haciendo poca cantidad o fuera de su lugar habitual—, es fundamental prestar atención. Detectar este comportamiento a tiempo es clave para cuidar su salud urinaria y general.
En la práctica clínica, el aumento en la frecuencia de las ganas de orinar puede presentarse de dos formas distintas:
Polaquiuria (frecuencia alta con poca cantidad): El animal intenta orinar constantemente pero expulsa gotas o volúmenes mínimos. Por lo general, está asociado a afecciones en las vías urinarias bajas.
Poliuria (volumen total elevado): El animal produce y expulsa una gran cantidad de orina a lo largo del día. Esto suele relacionarse con problemas metabólicos sistémicos o hormonales.
Detrás de este comportamiento repentino suelen encontrarse cuadros que requieren diagnóstico profesional:
Infecciones urinarias (Cistitis): La presencia de bacterias o inflamación en la vejiga genera una irritación constante que le transmite al cerebro una falsa sensación de vejiga llena.
Cálculos o urolitos: La presencia de cristales o piedras en las vías urinarias obstruye parcialmente el flujo, lastima las paredes internas y causa molestias constantes.
Problemas renales o metabólicos: Enfermedades como la diabetes o patologías renales alteran el equilibrio de líquidos, haciendo que beban agua en exceso (polidipsia) y, en consecuencia, orinen mucho más.
Problemas prostáticos (en machos): El agrandamiento o las infecciones de próstata en perros enteros generan presión y deseos frecuentes de orinar.
Dolor o esfuerzo evidente al intentar orinar (postura tensa o quejas).
Presencia de sangre en la orina o tonalidades extrañas.
Micción en lugares inapropiados de la casa donde antes no lo hacía.
Decaimiento, apatía o pérdida de apetito.
Consultá al veterinario de inmediato: No lo automediques ni esperes a que el cuadro avance, ya que el origen puede ser muy variado.
Estudios de diagnóstico: El profesional seguramente solicitará un análisis completo de orina (urocultivo) y estudios de diagnóstico por imágenes.
Seguimiento del tratamiento: Dependiendo de la causa, se indicarán pautas farmacológicas específicas, planes de hidratación o cambios en la dieta.
Agua fresca y limpia siempre a disposición: Fomentar una buena hidratación ayuda a diluir la orina y previene la formación de cristales.
Paseos regulares: No le niegues las salidas habituales; aguantar las ganas de orinar por períodos prolongados favorece la proliferación bacteriana.
Alimentación equilibrada: Optar por alimentos de calidad formulados para cuidar el tracto urinario, especialmente en animales con antecedentes o tendencia a desarrollar cálculos.
Los cambios en los hábitos higiénicos de nuestras mascotas nunca ocurren porque sí. Una detección temprana y un plan de tratamiento adecuado indicado por tu veterinario de confianza harán que tu compañero esté más cómodo, protegido y saludable.